miércoles, 30 de mayo de 2012

DEJEN EN PAZ A CAJAMARCA Y NO FRIEGUEN

Por Néstor Espinoza  
"Soy un peruano, nacido  en el Perú. Mis ancestros vinieron con los conquistadores. (Sic). Yo quiero lo  mejor para el Perú y por supuesto voy a insistir de que el proyecto (Conga) se dé. Ese es el entusiasmo de un peruano que quiere que a su país le vaya bien". 
Esto ha dicho el empresario minero Roque Benavides en el X Simposium del oro. (iEl oro!). Hermosas palabras que emocionan hasta las lágrimas.
Pero, hoy por hoy, se dan dos maneras de ver, mirar y sentir al Perú: Una que viene desde los ancestros de Extremadura hasta la descendencia de los conquistadores; la otra, la de los cholos nativos, descendientes de los quechuas de la civilización inca.
La visión de Benavides no coincide, no puede coincidir jamás, con la visión que los cajamarquinos tienen de su propia realidad y Conga.
Por desgracia, el oro se ha convertido en la pesadilla de Cajamarca, tanto ayer como hoy, de nuestra Cajamarca natura y Cajamarca hombre.
Ya lo hemos dicho, la escena de Pizarro y Atahualpa, con el oro de por medio, que se dio en Caxamarca, hace más de 400 años, después de 400 años o más, se vuelve a repetir también en Caxamarca (la tinta se nos calienta) esta vez entre la descendencia de Pizarro y la de Atahualpa (léase entre Roque Benavides, Valdés, Ollanta versus G. Santos, P. Arana, W. Saavedra y su "cholada").
La primera vez que llegamos a Cajamarca, recorrimos sus tiendas, mercados y restaurantes rebosantes de queso, leche, mantequilla, manjar blanco, alfajores. Luego visitamos parte de sus campiñas tan planitas y verdes, que más nos parecían ser unas mesas de billar, con sus vaquitas ñatas y de grandes ubres y sus campesinos de sombrerazos de paja. Toda una estampa viva. Cuánto gozamos con su belleza.
Esta es nuestra forma de vida serrana, andina, entre el surco y la crianza, con los ojos llenos de la belleza de mama pacha, Y queremos seguir viviendo así y que no se nos violente con ambiciones desmedidas de oro de la empresa privada; y queremos seguir disfrutando de lo nuestro en nuestro propio suelo. Y si existe República que se nos respete como ciudadanos, no somos minusválidos mentales, ya no vamos a permitir más colonia.
El gobierno y la minera "Yanacocha", en yunta, están obcecados y obsecuentes en convencer a los comuneros de Cajamarca de las bondades de la minería de alta tecnología, con estudios  de impacto ambiental, porque según ellos los campesinos las ignoran y, por su ignorancia, no las entienden y las rechazan.
Cuando son los pros mineros los que no entienden lo racional y se aferran  a la irracionalidad de su interés puramente monetario. ¿Qué quieren? ¿Qué los comuneros se convenzan de que es bueno lo que ellos no quieren por dañino?
No conocen el mundo andino y si lo conocen un poco, no lo entienden, menos  lo aman. Hablan del animismo en el mundo andino como de algo fuera de lugar, empinados en su saber científico occidental, sin entender que bajo ese animismo subyace la única filosofía posible de salvar al planeta de su colapso total por obra del saber occidental.
Ellos, los campesinos, no viven en lujosas residencias, con sus carros 4x4 y dineral en el banco, ellos viven en otras alturas, junto al lago, al río y la lluvia, es decir, junto al agua con la que riegan sus surcos y beben con sus animales y con los silvestres. Y ellos nunca vienen a avasallar la vida de los ricos.
Resulta un lapsus o mañosería que está minera, que ha devastado y pretende devastar más lagunas, perjudicando a los indígenas, detente un nombre quechua como “Yanacocha”, el que debe traducirse al castellano no sólo como “laguna negra”, sino más metafóricamente como “ laguna muerta”.
No nos parece ético, es un crimen de lesa naturaleza, un desprecio a la belleza, matar una laguna. Y sólo los ogros del oro pueden ser capaces de perpetrarlo.
Todo el Ande debería ponerse de pie en defensa de Cajamarca.
Y si hace más de 400 años fue en Cajamarca que empezó el aplastamiento invasor al pueblo andino, en Cajamarca tendrá que acabar. Cerca de quinientos años no vamos a estar en la misma vaina. Amén.

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