jueves, 7 de abril de 2016

¿Quién divide a quién? ¡Hasta victoria siempre!

Por: Segundo Matta Colunche

El prisionero político, Gregorio Santos desde el penal Piedras Gordas
En el caserío de “Polvareda”, distrito de Oyotún-Lambayeque, un campesino expresaba: “…a los grandes hombres se conoce en la cancha, no los que solo hablan, sino los que hacen las cosas como hablan”, frases oriundas del ciudadano de a pie, que siente que sus líderes jamás deben abandonar a su pueblo.

Durante la campaña del proceso electoral del 10 de abril, algunos militantes de izquierda han expresado anárquicamente críticas y cuestionamientos a quienes hoy lideran una alternativa de gobierno que el mismo partido los enseñó. Sin miramientos del daño que hacen, fungen ser los auténticos representantes, como si las ideas tuvieran dueño absoluto. Miran el país como grande, pero en la práctica les es esquivo y agonizan en el histórico y maltratado sectarismo. Siempre fungieron ser la cola, y en el peor de los casos, la última parte de la cola.

La candidatura de Gregorio Santos, por encima de discrepancias internas y, otras que se han expresado fuera de las estructuras, va hacia adelante. Es una nueva alternativa que le da la razón a miles de peruanos que luchan y luchan por un cambio de verdad. No el pantallón de las sirenas de mar, no las telenovelas sin actores, tampoco el morbo de la televisión; sino, la rebeldía expresada en el pueblo insurrecto con el sistema que va desde de Conga hasta Tía María.

Los grandes líderes se han formado junto a la lucha de los pueblos. Ese aprendizaje cuesta sudores. Cuando la lírica va acompañada a la acción, el pueblo se entusiasma y apoya; pero cuando es lo contrario, el pueblo se desencanta y se retira. En esa dirección, los militantes y simpatizantes del Partido Comunista del Perú-Patria Roja y del Movimiento de Afirmación Social MAS, abandonan sus cuarteles de invierno y se incorporan a la incesante lucha por la transformación del país. Nada más grato, es estar al lado del pueblo, junto al pueblo y luchar con el pueblo.

¿Quién divide a quién? Es la pregunta innecesaria de debate. Los sectores progresistas jamás pueden entrar en hueros cuestionamientos externos. El Perú, nos necesita y necesita a partidos revolucionarios serios. El enemigo es la derecha y mafia que ha gobernado el país más de 180 años de vida republicana.

Algunos, nos creemos tan sabios, que la “sabiduría” ha hecho mirar el país no más allá del perímetro de la capital, se ignora a liderazgos regionales y locales, al mismo estilo de los que siempre gobernaron el país. Los partidos tradicionales necesitan una reorganización total de su dirección, no han avanzado y no dejan avanzar. Las cúpulas de todos los partidos de izquierda tienen a sentarse en Lima, allí deciden todo y único que han logrado es ahuyentar a sus bases. Los ejemplos está por demás decir.

No es posible que, en nombre de la “disciplina” sancionen a “tutilimundi”, quiten arbitrariamente su identidad y por ende, frenen la creatividad y rebeldía de sus cuadros a hacer campaña. No olvidaremos en este proceso a líderes claros que han roto “directivas interesadas”, como el desprendimiento de la mujer lambayecana expresada en Vanessa Cubas, como la motivación de la juventud expresada en el ex presidente de la Federación de Estudiantes del Perú, Michael Ortiz, como el liderazgo nato de Ydelso Hernández, o como la imbatible firmeza de Allín Monteza. Así como ellos, hay todo un contingente de camaradas que han “abandonado” sus espacios laborales para convertirse en soldados de la revolución.

La grandeza de la juventud es el corazón de quienes aspiramos los grandes cambios para la patria. ¿Cómo no reconocer el invalorable trabajo del joven lambayecano, Jean Carlos Agip, quien con mochila y bocina en hombro, camina por las calles enseñando a votar a quienes la derecha los ha confundido? ¿Cómo no admirar, a Santos Saavedra, dirigente rondero, que camina por los pueblos de Amazonía en busca de la unidad, la justicia social y la libertad? Enumerarlos a todos faltaría espacio en este intranscendente artículo. Empero, el pueblo sabe reconocerlos por ello los recibe siempre con los brazos abiertos y el corazón en la mano.


¡Hasta la victoria siempre!