domingo, 5 de febrero de 2012

Entrevista en el diario “la republica”-Lima. "Goyo", Coraje y dignidad

GOYO: La izquierda tiene que hacer debate programático y lucha política


Perfil. El presidente regional de Cajamarca Gregorio Santos habla también de sus desencuentros con el premier y la izquierda actual.

Carlos León Moya

Al Presidente Regional de Cajamarca se le acusa de muchas cosas. Por su marcada posición sobre el futuro del proyecto minero Conga, solo epítetos interesados se repiten: extremista, intransigente. Sin embargo, poco se sabe de este personaje. Un día entero pasé con él para conocer al político, para tratar al hombre. La idea era una crónica pero terminé sobrando. La mejor idea que uno se puede hacer de Santos es escuchar sus anécdotas y emociones. Dejemos que Goyo nos hable de Goyo.

Gregorio

– ¿Cómo te llamas? –me preguntó una vez un profesor.

–Mi nombre es Gregorio.

–Ah, pucha, tú tienes nombre de almanaque Bristol.

Mi papá murió cuando mi mamá estaba en el noveno mes de gestación. Querían ponerme su nombre: Gregorio Fructuoso. Y como en Cajamarca es costumbre llamar Segundo a los hijos, iba a ser Segundo Gregorio Fructuoso. Pero mi tío dijo: “No, pobre niño. Ya nació feo y encima le vas a poner ese nombre”. Entonces me dejaron como Gregorio nomás. Cuando cumplí quince años, mi mamá me entregó el machete, la escopeta, el poncho y la alforja que habían sido de mi padre.

La sonrisa y el orden

Recién me percaté de mi sonrisa en la firma del acta cuando vi la escena por televisión. El locutor decía que le falté el respeto a Valdés porque lo veía como a un payaso. En esos días me preparé mentalmente para tratar con un militar. Primero, tú no les puedes sonreír porque su escenario es el de un cuartel. Es la vida que han llevado. Segundo, Valdés llegaba repitiendo que en este país había que poner orden. Un orden con la metralleta, con el látigo, con rostro de pocos amigos. Entonces este compare viene con los demonios a decirnos ¡firmes! Si aparecía yo sonriendo, era capaz de decirme “aquí no hay payasos, ¡cien ranas!”.

Creí que Valdés iba a ir en una actitud dialogante. Antes me había dicho por teléfono “Goyo, Presidente, ya hagamos las paces”. Y yo: “Ministro, no hay problema, hagamos las paces, venga usted a Cajamarca”. Incluso creí que llegaría antes para ponernos de acuerdo, pero no.

Fue muy rápida esa escena. Valdés volteó a verme. Yo lo miré y le sonreí. Ahí se indignó más. El gobernador estaba desesperado, los demás también. Entonces yo me quedé mirando a Valdés, porque esperaba otra actitud. Reaccionó mucho peor y se fue rápido.

Goyo, rondero

En la ronda las cosas también fueron duras. Tuvimos varios momentos de comportamiento militar, como cuando entró el MRTA a Jaén, o Sendero Luminoso a Cajabamba. Empezamos a hacerles seguimiento y marcar a personas sospechosas. Una noche estábamos en una asamblea y vino un campesino a avisarnos que llegaba un grupo armado. Los 300 que estábamos no sabíamos qué hacer. Entonces dijimos ¿quién tiene escopetas? Yo, yo. ¡A traerlas! Los que no tienen armas se quedan dentro.

Pusimos dos ronderos en cada rincón con la escopeta debajo del poncho, y otros afuera escondidos detrás de las rocas. La idea era hacerlos pasar y a los que quedaran afuera capturarlos y encañonarlos. Continuamos la reunión, aunque todo era muy tenso.

Y llegaron. Entraron ocho, “somos Sendero Luminoso”. El compañero que dirigía la reunión dijo: “bajen sus armas. No queremos muertos. Sus compañeros afuera están siendo apuntados por ronderos. Si insisten, ordenamos que disparen”. “¡Ahora miren acá!”, les dijo. “Tú, ¡voltea!”, y a cada lado había escopetas apuntándolos. “¡Pongan las armas en este rincón!”. Les quitamos toditas las armas pese a su reclamo. Era el primer grupo que SL mandaba a esa zona. Discutimos qué hacer con ellos. Si dábamos parte al Ejército nos llevaban a toditos, entonces les dijimos que desaparezcan. Los dejamos botados a cuatro horas de camino. Nunca más volvieron.

Izquierda no se renueva

La izquierda tiene que hacer debate programático y lucha política. La CGTP, el SUTEP, la CNA y la CCP hacen lucha gremialista, economicista, de bolsillo. No puedo concebir que convoquen al pueblo peruano con “aumento de sueldos y salarios” como primer punto. Los sindicatos no actúan porque sus vanguardias se han encasillado en los máximos órganos dirigentes. Por eso, el SUTEP y la CGTP no han podido llevar a ningún maestro o trabajador al Congreso en los últimos 20 años.

En varios dirigentes de izquierda hay una negación de la dialéctica. A la hora de la práctica social se vuelven metafísicos. En la dialéctica lo nuevo puede transformarse en viejo, y en esa contradicción surgen fuerzas que traerán algo mejor. Pero hay gente que se resiste. No quieren cambiar de posición en la cancha de juego. Alguna vez fueron delanteros y creen que toda la vida van a ser los goleadores cuando el físico ya no les da, la tribuna ha cambiado, no entra nadie al estadio y no hay quien los aplauda. Hay que superar eso.

David contra Goliat

Newmont envió el 27 de julio una carta a Humala diciendo que en muestra de la confianza en el Perú traían la primera gran inversión: Conga. El 28 esa carta estaba en mi despacho. Quieren quebrar la alianza de Humala con los gobiernos regionales, pensé, porque ese tema obligatoriamente nos enfrentaría. Pero creía que Humala sería más táctico. Conversar, ir a Cajamarca, decirnos “este tema es complicado y ahora estoy gobernando”, y yo “muy bien”. Pero no. Me sorprendió que todo fuera silencio, silencio, silencio. Y al final vimos lo que pasó.

Los empresarios saben que si no controlan la política se les complica la economía. No buscan controlar normas sino ministerios, por eso funcionarios de Yanacocha terminan trabajando en el Ministerio de Energía y Minas. Tú tomas el gobierno para administrar la economía, no al revés. Los Benavides han aprendido eso, y buscan el control político para asegurar grandes ganancias.

Nuestra relación con Yanacocha es como David contra Goliat. Su poder es enorme, más ahora que se expresa a través del Estado. Me dio indignación y pena ver a su vicepresidente Carlos Santa Cruz dar una conferencia de prensa junto a Salomón Lerner desde Palacio de Gobierno para informar que suspendían Conga. No le puedes dar a él categoría de Primer Ministro. Esa imagen me deja una pregunta: ¿quién dicta la plana? ¿El gobierno a Yanacocha o Yanacocha al gobierno? Se violenta la independencia del poder económico. ¿Cómo concibe Humala, como Presidente del Perú, su relación con ese poder?

Humala, 2005

La primera vez que hablé con Humala fue el 2005. Los compañeros de Patria Roja me llamaron a Lima y me sacaron una conversación con él. Venía de Majaz porque estuve en ese levantamiento junto a 3 mil ronderos de Huancabamba y Ayabaca. Estaba emocionado porque le tenía simpatía. Humala me saludó, me dijo que estaba armando un proyecto y me hizo una pregunta. Esa no la voy a olvidar, él se acordará.

–¿Qué piensa la gente de la sierra piurana, de Huancabamba, de Ayabaca? ¿Qué piden?

–Señor Humala, la gente quiere líderes y candidatos consecuentes. Están hartos de traidores.

Se quedó en silencio. Nadine trajo una Coca Cola y nos servimos. Mis camaradas que me llevaron me dieron como tres patadas para que no siga hablando. Me dijeron después de que no había hecho nada significativo y ya me creía un tremendo líder que iba a guapear a Humala. Pero yo hablé lo que sentía. Se lo dije con mucha emotividad porque había observado a un compañero rondero que lo mataron, Melanio García González, allí en el campamento Henry’s Hill de Río Blanco. Había visto la masacre y cargado a los heridos con la gente. Venía dolido. Había visto a mi hermano en un saco, torturado por la DINOES, junto a 25 huancabambinos y lo dejaron botado por allí. Yo se lo dije con tanta emotividad…

Luego salimos y nos despedimos. Y al salir parece que Nadine le dijo a Ollanta que me dijera algo. Yo ya estaba a unos 30 metros de la puerta cuando Humala desde allí me llamó “¡Señor Santos!”, y volví.

–Dígale a la gente de allá que compartimos su lucha. Que estoy de acuerdo con usted. Pero a mí me quedó la impresión de que Nadine le había conversado y dicho “¡anda, dile algo!”. Nunca se me ha olvidado esa imagen. Han pasado siete años y ahora él es Presidente de la República y yo Presidente de Cajamarca. La diferencia es que él cambió de plan y nosotros no. Yo estoy asumiendo mi responsabilidad y siendo consecuente con lo que he pregonado y él, que dijo ser un soldado de la patria, la está evadiendo. Creo que el pedido de la gente de la sierra peruana tiene vigencia. Hasta ahora.

Goyo, el profesor

Enseñé a primer y segundo grado de primaria en la escuela 17001, ex 51, en Jaén. Cuando los alumnos hacían ruido bajaba la voz hasta que comenzaban a discutir entre ellos. “¡Cállate!”, se decían, “¡no escucho, profesor!”. Yo seguía hasta que quedaban en silencio, y retomaba.

A veces llegaba y los encontraba gritando. Me ponía al frente y les decía “cuando hayan terminado de gritar, me avisan”, y arreglaba mi papelote. Nunca utilicé el palo o la regla para que guarden silencio.

Luego enseñé a quinto y sexto de primaria, y organicé la ronda escolar. Tenía cinco delegados y uno era el de estudios. El objetivo era ayudar a alumnos con problemas de rendimiento. Los más avanzados del salón apoyaban a los más lentos y así, nadie se quedaba atrás.

Los delegados eran elegidos por voto secreto, a veces por mano alzada, y hacían su campañita. Casi siempre eran cinco varones y cinco mujeres. Este tipo de ronda solo se dio en mi escuela. Para todos los colegas, yo era recontra raro.