jueves, 9 de noviembre de 2017

La vuelta a la época de la dictadura

Por: Segundo Matta C.



Este fujimorismo actúa con los mismos métodos de la historia siniestra de la década del 90. Se creen intocables, pulcros, sagrados y dueños del poder.

Durante la década del 90 [gobierno fujimontesinista] no sólo se atentó contra la independencia de los poderes del Estado, se utilizó el poder fáctico y las fuerzas del orden sumisas al poder político y económico para destruirlos y desaparecerlos. Bajo el aval de la Constitución del 93 se intervino al Tribunal Constitucional, Poder Judicial, Ministerio Público, Jurado Nacional de Elecciones, RENIEC, ONPE, Fuerzas Armadas y Policiales, organizaciones sociales y otras. El Legislativo y Ejecutivo estaba controlado por el fujimorismo. Los principales medios de comunicación vendieron su línea editorial y varios periodistas se alquilaron a intereses de la dictadura.

Pocos fueron los sindicatos y organizaciones políticas progresistas que resistieron a la represión de la dictadura. Utilizaron todos los poderes del Estado para justificar sus agresiones a la democracia [violación a los derechos humanos, fraudes electorales, privatizaciones, corrupción, etc.]. Todo estaba organizado para destruir al Estado.

Han pasado 25 años [1992-2017] desde aquel nefasto golpe de Estado que el fujimorismo acompañado de la derecha reaccionaria instalarán por cerca de una década en nuestro país. Las prácticas antidemocráticas resulta alentador para el fujimorismo de hoy – nada han cambiado, son peores-. La mayoría de andadas de los dirigentes del fujimorismo, dentro y fuera del Congreso, tienen similitud a lo sucedido durante la época más negra del Perú. Un parlamento mediocre de mayoría fujimorista que actúa con venganza y revanchismo contra todo los que ellos llaman “izquierda caviar”, congresistas involucrados en actos de corrupción, una mayoría que cumple a pie puntilla directivas indecentes, una lideresa [Keiko Fujimori] que pide guillotina a todos quienes tienen voces discrepantes con la década más corrupta; es decir, es el mismo fujimorismo autoritario que gobernó 10 años.

Este fujimorismo actúa con los mismos métodos de la historia siniestra de la década del 90. Se creen intocables, pulcros, sagrados y dueños del poder. Quieren convertir en “blanco claro y fino” a su lideresa aunque la mancha corroe toda su estructura. Los sobornos de Odebrecht han tumbado a la clase política tradicional. Keiko Fujimori tendrá que responder ante la justicia de este país por el gran escándalo internacional: caso Lava Jato; también está en camino la investigación por lavado de activos y cocteles. 

Las prácticas antidemocráticas fujimoristas están a la orden del día. Cualquier fiscal, juez, ministro, presidente regional, alcalde o dirigente social que cuestione el accionar del grupo naranja debe ser censurado. Consigna que se acuerda y se cumple como directiva de la cúpula.

Están en la mira el Tribunal Constitucional, el Fiscal de la Nación Pablo Sánchez, el ministro Carlos Basombrío, los presidentes regionales, los alcaldes, los líderes políticos regionales y los colectivos pro-derechos humanos. Todos ellos deben pasar por la “guillotina fujimorista” por cuestionar un posible indulto al reo Alberto Fujimori Fujimori. Nada los detiene, el odio y la venganza es su prioridad. Sueñan con el poder absoluto, con la segunda parte de la dictadura. 

Se equivocan, el desprecio por la democracia, por la gobernabilidad, por los derechos humanos los llevará al eterno suicidio político.


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