lunes, 15 de agosto de 2016

#NiUnaMenos

Por: Segundo Matta Colunche

#Cajamarca. #NiUnaMenos
A pocas horas de la marcha contra la violencia de género en el Perú, una compañera de Post Grado me hizo llegar el libro: “¿Los Periodistas podemos ayudar? Manual para Periodistas que informan sobre la violencia de género”, investigación producida en Bolivia por el Fondo de Emancipación CONEXIÓN.

María Cecilia Chacón y Boris Miranda, autores de la obra, afirman que, al no tener referentes en la etapa de formación del periodista reproduce la misma carga ideológica, política, cultural y social que permitió que este fenómeno sea parte de la cotidianidad del país. Además, indican que si bien el periodista no tiene responsabilidad de la violencia de género, sin embargo deben asumir con responsabilidad en el combate hacia la misma, y para ello, es necesario despojarse de cargas ideológicas y valores subjetivos que generan violencia.

A raíz de la protesta legítima en contra de la violencia de género e injusticia en los órganos competentes,  surgió el debate sobre la desigualdad social (hombre-mujer) y la repercusión que ha generado el sistema. No escapamos al descontento social, comunicadores y periodistas. Las notas que se publican (radio, televisión, prensa y redes sociales) esconden las raíces estructurales de la violencia de género. “Perpetúan los roles de dominación y subalternización de la mujer hacia el hombre, cosifican a las mujeres en situación de violencia y neutralizan su capacidad de acción y libertad de decisiones”, como afirman las intelectuales bolivianas.

La violencia de género es producto de las relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer. Y como indican Chacón y Miranda, es una ofensa a la dignidad humana.

Los autores, recomiendan a periodistas y comunicadores empezar una cobertura de un hecho de violencia de género, sin perjuicios, sin complejos y, lo más importante, ¡sin asignar roles patriarcales! Se debe entender que estos hechos se deben al entramado ideológico, político y social del sistema neoliberal, cuya consecuencia es la desigualdad producto de la injusticia social.

En la cobertura periodística se debe evitar el uso de figuras estereotipadas para valorar el desempeño de la mujer o la descalificación explícita de algunas víctimas de violencia. Además, la cobertura periodística debería incluir información útil que pueda servir para el futuro a otras mujeres. Es decir, la calidad y decencia periodística debe ser el camino rector, pues el subjetivismo expresado en anarquía debilita la democracia y genera mayor violencia.

Las investigadoras, sugieren que los periodistas deben ayudar a desmontar las estructuras patriarcales y estereotipos machistas mostrando a la mujer en escenarios fuera de la violencia: Participación política, economía y trabajo, migración, pobreza, medioambiente, salud, casos emblemáticos de las mujeres que inspiran y situación de la mujer desde su niñez. La comunicadoras sociales, nos dicen que, la responsabilidad del periodista más que informar subliminalmente deben convertirse en un ser de investigación de la realidad y orientador de sociedades. Cuando hayamos tomado conciencia de nuestra realidad, no habrá periodistas mercenarios, mentirosos, vulgares, difamadores y mezquinos. En los medios privados y estatales habrá programas educativos, culturales y de debate profesional.


Las multitudinarias manifestaciones del último sábado, no solo han cuestionado la violencia de género, también han rechazado el sistema de justicia, los programas mediáticos, la discriminación, la desigualdad; en fin, la lucha contra el sistema.

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